
Escritura diaria
Unas líneas cada día para pensar con claridad. De ahí salen las reflexiones que publico.
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Qué es
Escribir algo cada día, sin público. En mi caso son dos cosas: un cuaderno de bitácora, donde apunto lo que hago a lo largo del día y lo que creo que debería hacer mañana; y notas sueltas con lo que me ronda, ya sea una idea leída, algo vivido o algo escuchado, que quiero masticar. No es un diario de «querido diario» ni literatura: es pensar por escrito.
Puede ser una página, tres líneas o una frase. Lo que importa es la frecuencia, no la extensión.
Escribir a mano, que se nos olvida
La escritura es algo que aprendemos desde muy pequeños y que poco a poco vamos perdiendo. Nos mandan escribir a mano, luego en el ordenador, y acabamos escribiendo solo para mandar mensajes por WhatsApp. ¿Pero qué pasa con la escritura a mano? Y no solo para la lista de la compra. ¿Cuántas personas a tu alrededor crees que escriben por puro placer, por desafío mental, porque saben que es bueno? Personalmente creo que pocas.
Nueve meses de cuaderno
Va a hacer nueve meses que apunto en un cuaderno toda acción que realizo a lo largo del día. Esto hace que mi día esté mucho más cuadriculado y que reconozca mejor qué hago bien y, sobre todo, qué hago mal; y, en consecuencia, que pueda analizarme para saber qué podría mejorar. Tanto es así que trato de anticiparme al día siguiente: escribo la lista de las cosas que creo que debería hacer mañana. No es tan distinto de lo que hacía Marco Aurelio con sus Meditaciones, que eran un diario privado que nunca pensó publicar: escribir para rendirse cuentas a uno mismo.
Qué me aporta
Escribir obliga a ordenar: un pensamiento vago no sobrevive a ser puesto en una frase. Hay evidencia (modesta) de que escribir sobre lo que te preocupa ayuda a procesarlo y a rumiar menos, con efectos pequeños y no inmediatos, y una ventaja práctica: lo que se escribe se recuerda y se puede volver a leer meses después para ver cuánto has cambiado.
De ahí salieron muchas de las reflexiones que publico en esta web: la mayoría no las escribí para nadie, las escribí para entenderme. Luego resultó que merecían compartirse.
Prosa oxidada
Incluso ahora, con estos posts, estoy dando rienda suelta a mi prosa. Quizá algo oxidada y con palabras un poco forzadas, pero me doy cuenta de que me hace pensar y ampliar el vocabulario de una manera que ninguna otra actividad, más allá de leer, me aporta.
“[PENDIENTE: pega aquí el verso de Nach sobre la caligrafía]”
De dónde salen las palabras
Debo decir que gracias a la lectura he ido aprendiendo palabras nuevas, e incluso escuchando a gente como Ram Talks, que habla de filosofía y tiene vídeos con el vocabulario más rico que he oído en mi vida. Leer mete palabras; escribir las fija. En definitiva, trato de seguir con este hábito que coloca y amolda mi mente, además de entrenarla y enriquecerla.
“La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil; la escritura, preciso.”
Cómo lo practico
El cuaderno, a mano, casi cada día, fechado: lo hecho y la lista de mañana. Y aparte, un texto corto con las ideas que me han hecho pensar: algo leído, algo vivido, algo escuchado. Las que más me interesan acaban aquí.
Si quieres empezar
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Pon la fecha y escribe sin corregir. Corregir es otro momento.
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Si no sabes qué escribir: «hoy he pensado en…» y sigue. La primera frase desatasca el resto.
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Mismo sitio siempre (una libreta, una nota del móvil); si tienes que buscar dónde escribir, no escribes.
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Antes de cerrar el cuaderno, tres líneas con lo que toca mañana. Al día siguiente empiezas con ventaja.
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Relee cada pocos meses. Es la parte que más enseña.
Ojo
Escribir sobre algo doloroso remueve; si eso te supera, no estás obligado a seguir solo.
Escrito por
DRAGOADRI
29 de agosto de 2026
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